
En la época que la explosión sucedió nuestro planeta no se había formado; de hecho, nuestro sistema solar, incluyendo al Sol no había aparecido en la galaxia, fue hasta la semana pasada –el 18 de marzo- que la luz de la explosión nos alcanzó. Tan solo duró un par de segundos, lo suficiente para que el satélite espacial Swift detectara y fotografiara el remanente de su luz, ningún ser humano logró observarlo a simple vista este fenómeno, de haberlo hecho, tan solo observaría el encendido y apagado de una estrellita en el firmamento.
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